LONDON (IV)

¡Hola guapis! Seguimos con mi diario de vacaciones, el cuarto día….

13 de abril

El 13 de abril pasará a los anales de mi historia: cumplí uno de mis sueños.

Nos levantamos muy muy pronto ese día porque teníamos la primera entrada de la mañana del Studio Tour Harry Potter, a las 9.30 y había como poco menos de una hora para llegar y luego había que esperar al bus lanzadera de la Warner. Para ir allí usamos nuestras Oyster pero como nuestro límite era de zona 3 e íbamos a zona 9, recargamos en la estación con £10 más cada una, y luego la máquina te hacia la cuenta de cuanto ibas a gastarte (es decir, digamos que hasta la zona 3 contaba como que estaba pagado y te descuentan el resto –no las £10 completas- hasta la 9, todo genial y barato, teniendo en cuenta la distancia).

Una vez en la estación de Watford Junction (la última del London Overground, un tren como los de cercanías), tuvimos que esperar bastante a la lanzadera, que llegó como 20 min tarde y yo ya estaba que me quería morir.

No puedo describir la sensación de impaciencia que sentí cuando pisé la Warner. Ni la de esperar en la entrada. Podría compararla a la de ir a Disneyland, como una niña de 5 años. Como tampoco puedo describir con otra palabra que no sea IN-CRE-Í-BLE el interior de los estudios. Estaba todo allí: todo lo que sale en las películas, escenas recreadas, maquetas, objetos, habitaciones, vestuario…Mejor imposible. Tampoco pondré muchas fotos porque sería un rollo que lo veáis antes de ir. La sorpresa es lo mejor.

Sin ningún tipo de duda la mejor excursión de Londres que repetiría millones de veces.

De la visita destacaría la recreación del andén 9 3/4 y que al final de la visita hay una “sorpresa” que no te esperas, piensas que el tour acaba y de pronto entras a una sala preciosa. Creo que estuvimos allí metidas más de media hora. Y me pasé, de nuevo, un buen rato llorando de la emoción. Ya veréis, ya veréis.

Por cierto, además de encontrar algún que otro puesto de merchandising durante el tour, también hay una zona-bar para picar algo y descansar porque la visita es completamente andando y un poco larga. Recomiendo mucho que probéis la cerveza de mantequilla. Tiene un sabor extraño pero….¡¡¡es cerveza de mantequilla!!!

Cuando acabamos el tour sobre la una y media del mediodía, subimos de nuevo a la lanzadera de vuelta a coger el tren y de vuelta a Londres… y yo aún estaba en las nubes.

Una vez en el centro, no sé ni si comí. Tenía que ir corriendo a Westminster Abbey con mi entrada caducada desde hacía tres días. Por fin pude entrar y verla, con audioguía y todo, como no podía hacer fotos en el interior como mínimo me culturicé. Y debo decir que quede gratamente sorprendida con la cantidad de historias que hay acumuladas dentro del recinto: reyes enterrados, soldados, acontecimientos importantes, sobre su construcción… Pero llamadme rara. Sin hacer fotos es como si no la hubiera visitado. En fin.

Hora y media después, me dirigí al barrio de Temple, donde se encontraba Temple Church, porque soy una fan muy fan de Dan Brown y la Iglesia del Temple sale en El Código Da Vinci. Para mi desgracia, el barrio es muy raro (o yo entré por la puerta equivocada) y tuve que preguntar varias veces, porque me desvié mucho del trayecto. Al final encontré a un señor mayor que fue tan amable de acompañarme hasta la misma puerta de la Iglesia (inciso: los ingleses no son para nada tan bordes como los pintan, yo no me encontré con ninguno y son todos un amor). A todo esto, llegué a las 6 de la tarde y empezaba justo entonces una misa, a la cual no dejaban entrar a turistas. Iba a durar demasiado así que tuve que irme, con mi decepción de la mano. En la plaza había un pequeño monumento dedicado a los templarios: un banco de obra con una figurita en lo alto de dos templarios a caballo. Escuché a una guía decir que se les representa así porque los templarios eran una orden pobre, a pesar de que fueron algo como los primeros bancos -se les entrebaga el dinero y ellos lo guardaban y en otro lugar otros templarios podían darle el mismo dinero a alguien que lo había entregado anteriormente- y que por eso montaban a caballo de dos en dos. Al menos pude aprender esto y encontrarme por casualidad con The Royal Court of Justice.

En vez de coger el metro inmediatamente, como aún era pronto, decidí dar un rodeo por los puentes cercanos y fui a ver de cerca el London Eye. Había decidido no subir porque resultaba prohibitibamente caro (unas £29) y aunque hubo un momento en el que dudé, la larguísima cola me echó para atrás. Fui andando hasta la House of Parliament y cogí el metro en Westminster.

Creo que esa noche cené un sándwich de los que vienen hechos y de los cuales los ingleses son muy fans y un zumo, pero estaba todo malísimo. Me fui a dormir triste, porque al día siguiente tenía que ver muchas más cosas, pero ya era el último día…

 

To be continued…

 

Eris.

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