Biografía de 11 enero de 2016

Hoy estaba muy cabreada. Decidida a enviarlo todo a la mierda. Ayer me sentí menos que nada, porque ni siquiera conseguí una negativa y me quedé compuesta y sin novio -nunca mejor dicho- esperando hasta que se hizo de noche.

Debería haberlo enviado todo a la mierda, sí. Pero opté por ser hostil, aunque tampoco me ha servido de mucho. No parece importar lo que diga, piense o haga; únicamente recibo monosílabos y alguna que otra terrible declaración de amor que no va dirigida a mi como respuesta. Aún y así nunca pierdo la fe en él -es un defecto que tengo desde que se marchó- y no paro de insistir. Casi le he tenido que obligar a que nos veamos. No me siento orgullosa, realmente no lo ha hecho porque ha querido, pero necesitaba tener claro qué sentir. O eso creía.

Ahora me siento un poco más llena que antes. Abrazarle ha sido agradable, como una cura para las heridas que cuando se ha ido han vuelto a abrirse y a sangrar. Vale, está bien, estoy un poco melodramática. Pero ha sido increíble reconstruirse durante unos segundos.

Ahora no sé qué siento. Por una parte, admiración por cómo he cambiado, cómo me he hecho a mi misma más valiente. Hace apenas un año hubiera temblado durante horas como un flan y hubiera estado al borde de un ataque de ansiedad. Por otra parte, sorprendida, porque esperaba más amor. Desde luego sabía que iba a ser frío, no sé qué siente en realidad, pero pensaba que al vernos iba a ser más como mi sol que era.

No esperaba que saliera nada en claro. Bueno, sí. Para qué vamos a mentir, si en el fondo soy una romántica y me hubiera gustado una escena de película típica americana. Pero no. Esto no es Estados Unidos ni estamos en un mundo en el que es posible “reenamorar” a alguien con solo verse.

Ahora sé -he confirmado- que le quiero. Que le necesito en mi vida. Pero tener que soportar como reparte el amor que debería ser para mi es un precio demasiado alto. Y ahora estoy escribiendo esto y el precio sigue subiendo. Siguen los comentarios. Y me siento engañada. Y dolida. Él nunca me habría dejado sola, me lo prometió al principio. Y lo hizo. Ya no es él…y eso es lo que más me duele. Que no paro de buscarle por todas partes y no encuentro más que vacíos.

Pero no quiero un adiós. Entonces…¿cómo quieres a alguien que ya tiene planes?

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Eris.

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